Es de dominio público que todas nos quejamos del pelo que nos ha tocado, la que lo tiene rizado se muere por tenerlo lacio y domable, la que lo tiene fino y liso sólo puede pensar en esas melenas con ondas y súper volumen, las que tienen mucho quieren poco y así suma y sigue.
Yo, personalmente, nunca consiento que nadie se queje de lo que tiene, siempre he pensado que aquello que Dios te ha dado, seguramente sea lo que más te favorezca (lo que no quiere decir que dejes tu melena al viento tal cual sales de la ducha), sólo tienes que intentar aprender a sacarle el máximo partido.
Ahora bien, solo hay un caso en el que comprendo y comparto las quejas:
en cabellos muy finos y con poca cantidad. Únicamente el que convive con un cabello así , sabe lo difícil que es trabajarlo para intentar conseguir más volumen o algo de gracia, para que a los cinco minutos vuelva a su forma original.